Jesús dijo: El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Juan 7:38
Imagina que estas de vacaciones en la playa. Puedes ver el azul del mar, caminar sobre la arena, sentir la brisa, y ver sol brillando en el cielo. ¿Agradable verdad? Ahora a esa bella visión quítale, el mar y la brisa. Además imagina como la temperatura sube a más 40°C , como el sudorpegalaropaalcuerpo y tus labios quedan completamente secos. Si lo hiciste bien estas viendo el desierto. Piensa en esto, con tan solo quitar dos elementos, pasamos de un divertido día en la playa a una horrible odisea en el desierto.
Muchas veces sucede así en nuestra vida, no sabemos en que momento la estabilidad de la que disfrutamos desaparece y lo único que nos queda, es la arena quemando nuestros pies, el sol ardiente sobre nuestra cabeza y la garganta seca. Estas líneas son especialmente para aquellos que sienten que están solos andando en el desierto. Para aquellos a los que tal vez un revés en los negocios o una desilusión amorosa o el quebrantamiento de su salud o simplemente la desesperanza al ver cosas horribles todos los días, les ha dejado una vida de sequia. Si tú haces parte de ese grupo quiero decirte algo. Jesús hace dos mil años pensando en ti, escribió con sangre estas palabras. “El que cree en mí. Como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. ¿Quieres creerle? ¿Quieres permitirle cargar tu dolor? ¿Quieres que Él sacie tu sed y alivie tu desesperanza? En este momento tienes oportunidad de hacerlo. Permite que el haga realidad en tu vida esa promesa, tu sed será calmada no por unas gotas de agua sino por un caudaloso rio de bendiciones eternas. Sobre tu dolor nada puedo decir, estas letras en nada pueden cambiar lo que pasa. El único que puede hacer algo es Él. Al terminar de leer esto, te invito a que clames a Él, puedes clamar con lágrimas o con dolor o con rabia pero lo importante es que le des la oportunidad de hacer algo. Si lo haces, es mejor que te gusten las duchas frías, pues ya puedo escuchar el rio que llega a aliviar la sequia de tu vida.
By Javier Sinnada
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